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El oro de la Reserva Federal de Nueva York

janvier 10th, 2011

El oro estaba ordenado en grandes compartimentos de unos tres metros de ancho, tres metros de altura y seis metros de profundidad. Las pilas de ladrillos de oro llenaban los espacios hasta el techo, y cada ladrillo tenía un tamaño aproximado de tres enormes bastones de caramelo. Estos pesaban unos doce kilos cada uno y valían, en esa época, catorce mil dólares. En 1940 hacía seis años que el oro valía oficialmente treinta y cinco dólares la onza. Con esta valorización había acumulados allí dos mil millones de dólares, una suma suficiente en esa época para comprar la producción total de bienes y servicios de los Estados Unidos durante cuatro días. Sin embargo, ocupaba un pequeño volumen bien custodiado, resguardado a cinco pisos de profundidad debajo de las calles de Nueva York. Contemplar más de cien mil lingotes de oro apilados hasta el techo y brillado bajo la luz de las lámparas eléctricas era una experiencia impactante e inolvidable a la vez.

Ese oro no pertenecía a los Estados Unidos. Pertenecía a Francia, Inglaterra, Suiza y muchos otros países. Desde hacía mucho tiempo, esos países conservaban una parte de sus activos oficiales en oro en el banco de la Reserva Federal de Nueva York, tanto por motivos de seguridad como por comodidad. Cada barra consignada allí tenía la marca de punzón de su propietario o cualquier otro signo de identificación. Este procedimiento de marcación se llama “earmarking”, palabra inglesa que hace referencia al método utilizado antiguamente para indicar la pertenencia de los animales de los rebaños. Esta marca evitaba a cada nación el problema y los gastos vinculados al transporte del oro de un país a otro (en especial si había que cruzar un océano) cuando, por algún motivo, el oro cambiaba de propietario. Si, por ejemplo, Inglaterra debía pagar oro a Francia, un empleado de la Reserva Federal llegaba simplemente con una carretilla frente al compartimiento de Inglaterra, cargaba los lingotes, los transportaba hasta el compartimiento de Francia, cambiaba los signos en los lingotes de oro y anotaba el cambio en un libro.

Yo había conseguido un empleo en el servicio de documentación del banco de la Reserva Federal de Nueva York, en el corazón mismo del distrito financiero. Un día, para hacerme un favor, mi jefe me llevó a ver el oro que estaba guardado en las cámaras seguras y esterilizadas del banco, cinco pisos bajo tierra. Estaban cavadas profundamente en la roca para impedir que las robaran construyendo un túnel de acceso. Nos introdujimos en el espacio resguardado por pesadas puertas cilíndricas de acero inoxidable, herméticas al agua y al aire, que se destrababan automáticamente a las nueve de la mañana y se volvían a cerrar automáticamente a las cinco de la tarde. Había una cesta de provisiones en el interior, justo después de la entrada, con sándwiches frescos, que se renovaban todos los días, por si algún empleado tenía la mala suerte de quedar encerrado una vez que las puertas se cerraban automáticamente al final de la jornada. Un poco más lejos, había una balanza para pesar el oro. Era tan sensible que el peso más mínimo la ponía en movimiento. Con el oro, hasta el polvo cuenta.

Esos desplazamientos de pocos metros, de un compartimiento al otro, a menudo correspondían a enormes conmociones en la distribución de las riquezas entre los países, con profundas repercusiones en el nivel de vida de sus poblaciones. Sin embargo, los ciudadanos de cada país no veían jamás el oro de sus gobiernos. Si todo ese oro, por ejemplo, se hubiera arrojado al río Hudson y se hubiese continuado con los registros en los libros de la misma manera que antes, las consecuencias económicas y financieras para cada nación habrían sido exactamente las mismas e igual de profundas que cuando el oro era desplazado físicamente de un compartimiento a otro.

Peter L. Bernstein

Las piedras de la isla de Yap

janvier 10th, 2011

Las reservas de riqueza son inmóviles, mientras que la moneda se desplaza, pasa de un bolsillo a otro. Una reserva de riqueza es una masa, y la moneda es una medida de esa masa.
A continuación presentamos una serie de dos artículos que ilustran este tema.

Esta piedra es la moneda oficial de la isla de Yap.

Aunque cueste creerlo, la piedra que usted ve en esta foto constituye hasta la actualidad un medio de pago perfectamente válido en la isla de Yap, ubicada en algún lugar de la Micronesia, en medio del Océano Pacífico. Los turistas que visitan la isla se sorprenden al ver a los isleños dejar su “dinero” tirado en la calle. ¡Sobre todo porque no se trata de “cambio chico”! Los ejemplares más grandes miden 4 metros de diámetro y pueden pesar hasta 15 toneladas. ¿Pero cuál es el origen de esta moneda tan particular?

Hace varios siglos, los habitantes de Yap llegaron a la isla vecina de Palau, a 400 kilómetros, donde descubrieron una roca bastante particular: la aragonita. Como la roca era desconocida en la isla de Yap, comenzaron a extraer grandes cantidades de las grutas de Palau. Poco después de haberlas llevado a su islas, las tallaron en forma de discos con una perforación en el centro para pasar un palo por el medio y poder maniobrarlas según el principio de la rueda. Con el tiempo, los habitantes de Yap la convirtieron en un medio de pago, y estas piedras recibieron el nombre de “rai”.

En la antigüedad, el viaje en barco desde Palau hacia Yap estaba plagado de obstáculos. Muchos han dejado la vida o han regresado heridos. Teniendo en cuenta los riesgos que había que correr y en vistas de la cantidad de víctimas, el valor de estas piedras no dejaba de aumentar. Así, por el peligro que constituía el viaje en barco y la rareza del material (la aragonita), estas piedras se convirtieron en un bien de gran valor para los habitantes de Yap.

Pero uno se podría preguntar: ¿cómo se podía determinar concretamente el valor de una piedra?
Además de la belleza específica de la roca (la aragonita forma parte de la composición de las perlas) y la historia vinculada a la piedra en sí (su antigüedad, la cantidad de víctimas que ha ocasionado su extracción y su transporte), su tamaño también se tiene en cuenta para determinar su valor, al igual que el estatus social de las partes que realizan la transacción. De este modo, las piedras que pasaban entre las manos de los ricos tenían mucho más valor que las que poseía el común de los mortales.

A partir de 1931 ya no se talló ninguna piedra más. Por su peso y tamaño, poco a poco fueron reemplazadas, desde comienzos del siglo XX, por dólares norteamericanos, al menos para las transacciones cotidianas de poco valor. Pero las compras importantes, como una casa o un terreno, se siguen haciendo, incluso hoy, con piedras de aragonita. Además, sirven para pagar indemnizaciones.

Igualmente interesante es la manera en que se realizaban las transacciones en Yap en el pasado (e incluso hoy para las grandes compras). En efecto, las piedras que cambiaban de propietario en general no cambiaban de lugar. Simplemente quedaban en el lugar donde habían sido colocadas al principio: al borde de una carretera, delante de una casa o de cualquier edificio… La anécdota más sorprendente sobre este hecho es el de una familia rica de la isla que poseía un enorme rai que nadie había visto jamás y que, además, nadie podía ver. Es que su rai descansaba, según decían sus miembros, en el fondo del mar. Varias generaciones antes, un ancestro estaba remolcando la piedra sobre una balsa atada a su canoa cuando se desató una terrible tormenta. El hombre cortó la cuerda, soltó la balsa y vio cómo su enorme piedra se hundía en la marejada. Como había sobrevivido, había podido contar su historia, describir la dimensión excepcional y la calidad de la piedra que había perdido. Nunca nadie había puesto en duda la veracidad de su testimonio. El poder de compra de esa piedra conservó la misma validez que si hubiera sido colocada a la vista de todos al lado de la casa de su propietario.

Es muy raro que los rais sean robados, ya que los isleños tienen por costumbre ejercer un control social mutuo. La mayoría de los habitantes de Yap conocen a los propietarios de las piedras y tienen mucho respeto por la propiedad ajena. Además, ¿quién podría robar de incógnito una piedra de 15 toneladas?

Fuente: Lautz, Th.,Steinreich in der Südsee. Traditionelle Zahlungsmittel in Mikronesien, Colonia, 1999

Fondo de espejo

janvier 10th, 2011

Aspecto satinado de las monedas nuevas debido a micro-asperezas en su superficie. Este satinado desaparece rápidamente después de las primeras manipulaciones. Una moneda con su fondo de espejo intacto es una moneda que no ha circulado, también llamada “Proof”.

Valor facial o nominal

janvier 10th, 2011

Es el valor legal de la moneda al momento de su emisión. El valor facial suele estar indicado en el reverso de la moneda.

Tipo

janvier 10th, 2011

El tipo de una moneda se define por los grabados del anverso, del reverso y del canto (virola). Las monedas que tienen un anverso, un reverso y un canto idénticos se consideran del mismo tipo. Sin embargo, existen variantes dentro de un mismo tipo, en especial la variante de las milésimas (fechas de emisión diferentes), los talleres, los directores de los talleres, de la calidad del troquel, etc.

Tirada

janvier 10th, 2011

Cantidad total de ejemplares de un tipo de moneda.

Reverso

janvier 10th, 2011

La cara de una moneda opuesta al anverso. En general, allí se encuentra la indicación del valor facial de la moneda.

Reacuñación de una moneda

janvier 10th, 2011

Es una moneda acuñada con un troquel antiguo, pero en una época posterior a la primera emisión. Las monedas de tipo Marianne Coq acuñadas entre 1907 y 1914, denominadas «resellos Pinay », son las más famosas.

Pureza del oro

janvier 10th, 2011

La pureza del oro se suele expresar en partes por mil. Por ejemplo 995 (novecientos noventa y cinco) es oro puro al 995/1000, es decir, 99,5 %. 995 es la pureza más alta a la que se podía fabricar el oro en el caso de una buena entrega, pero para las aplicaciones de alta tecnología ahora es posible producir metales puros al 999,999 %.

Prima

janvier 10th, 2011

Es la diferencia entre el precio del metal precioso que constituye la moneda y su precio de mercado.

La prima de una moneda depende de diversos factores:
‪•‬ La acuñación: Cuanto más pequeña y difícil de reproducir sea una moneda, más alta puede ser su prima (según este principio, los Napoleones de 10F tienen una prima más alta que los de 20F, que son más gruesos). Algunas veces se han producido calidades especiales (por ejemplo, prueba o “Proof”), lo que justifica una prima más alta.
‪•‬ La especulación: la prima aumenta según los principios de la oferta y la demanda. En un período en que se venden más monedas de las que se compran, la prima será nula o apenas negativa (en este caso, las monedas son fundidas si su calidad es mediocre). En un momento de fuerte demanda o de explosión especulativa, la prima vinculada a la especulación se dispara. De este modo, la prima es un indicador muy eficaz del estado de la oferta y la demanda, del potencial de esta última y también de las medidas a tomar. Una prima negativa, nula o apenas positiva debe motivar la compra, mientras que una prima del 70 – 80% debe empujar inmediatamente a la venta.
‪•‬ La conservación: una moneda de calidad, que no tenga rastros de manipulación, conservará toda su prima. Si está en malas condiciones de conservación (contacto con los dedos, rayas, desgaste por frotación, etc.) sufrirá una devaluación del 4% al 10%, y puede arrojar una prima negativa. En ese caso las monedas son fundidas y revendidas al precio del metal precioso.
‪•‬ El coleccionismo: algunas monedas son más raras por haber sido acuñadas en mucha menor cantidad o bien por características particulares vinculadas a los criterios de rareza numismática. Por ejemplo, una moneda de 100 Francos Bazor (moneda de 6,55 g) podrá superar los 10.000 euros según su nivel de rareza y su estado. Por ende, esta cifra no tiene nada que ver con el valor del oro que contiene la moneda.

Tasa flotante

janvier 10th, 2011

Se trata de la prima media que se observa en épocas normales, fuera de los períodos de crisis. Por ejemplo, la tasa flotante del Napoleón de 20F es nula o apenas negativa. La del Napoleón de 10F es de aproximadamente un 12%.

Punzón

janvier 10th, 2011

El punzón se utiliza en las joyas de oro (y de plata) y en otros productos elaborados (como los lingotes) para marcar el fabricante y la ley de pureza.

El punzón

Placer

janvier 10th, 2011

Este término de origen español designa los terrenos auríferos de formación aluvial, más precisamente los que se pueden explotar a cielo abierto.

Onza u onza troy

janvier 10th, 2011

Onza u onza troy (símbolo oz t) equivale a 31,103 g: La onza troy se utiliza para la cotización de los metales preciosos, como el oro y la plata.

Milésima

janvier 10th, 2011

Fecha de emisión de una moneda.