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China, un mercado sin fe ni ley

mai 28th, 2013

Si bien la fiebre del oro ha alcanzado al primer país productor, la ausencia de regulación multiplica los riesgos. Algunos se enriquecen, pero cuidado con los anarquistas.

Zhongguo Qiyejia (extractos) Pekín

Nunca he oído hablar de una empresa que haya cerrado por aquí”, afirma el gerente de una empresa de transformación del oro, mientras muestra los talleres de joyería alineados en hileras apretadas a ambos lados de la calle, en el barrio de Shuibei, en Shenzhen. En el espacio de sólo quince años, China se ha instalado en el primer rango mundial en producción de oro, en su transformación y en la exportación de joyas. Pero todo eso ha sucedido demasiado rápido: ni los que controlan este mercado ni los que participan estaban preparados. Es difícil separar el grano de la paja, y las estafas son moneda corriente.

Después de treinta años de reformas y de apertura, ya no se encuentra en China un sector que ofrezca tantas perspectivas como el del oro”, destaca Wang Zhibin, director general de la empresa de inversiones en oro Hentai Datong de Pekín.

Los capitales llegan de a montones. Sin embargo, los que conocen el oro no comprenden nada de inversiones y los que conocen de inversiones no dominan necesariamente el mercado del oro. Esto lo ilustran los flamantes inmuebles de oficinas nuevas del barrio financiero de Pekín. El visitante se topa allí con una o dos empresas de inversiones en oro que le explican en su jerga financiera cómo es posible realizar grandes beneficios en Londres o en Hong Kong. Sólo basta con colocar los fondos en una cuenta en el extranjero para realizar compras de oro virtuales.

Transacciones clandestinas

Efectivamente, estas empresas mandatarias especulan sobre el oro con astucia. Según cifras de la Seguridad Pública (la policía china), existirían unas siete mil empresas de este tipo en China. Algunas realizan efectivamente pedidos de compra para sus clientes a cambio de una comisión y obtienen rendimientos bastante altos. Pero otras no compran realmente, y organizan apuestas sobre el oro. Y, en este pequeño juego con sus clientes, suele suceder que estos intermediarios desaparecen cuando pierden.

Este gigantesco mercado gris de transacciones clandestinas ha explotado. “Todo el mundo habla de especulación clandestina sobre el oro, pero ¿qué forma toma y qué leyes viola? Son puntos que los organismos de control deberían aclarar”, comenta Liu Shan’en, de la Universidad de economía y comercio de Pekín. A causa de un importante retraso legislativo, no existe casi nada de reglamentación sobre este mercado.

En el primer período de las reformas, en los años 90, el Estado había liberado la concesión de los derechos de explotación de las minas de oro. De este modo, numerosos yacimientos pasaron a manos de particulares. “Han comprado yacimientos a un precio muy bajo, pero ahora los revenden al precio máximo aceptable,” explica Dai Xiaobing, director general de la empresa China Precious Metal Resources Holdings.

El precio astronómico del metal amarillo no ha frenado la sed de consumo. Cada mañana, los joyeros de toda China concurren a Shuibei para comprar joyas al por mayor y regatear su precio como si se tratara de vulgares coles. La cantidad promedio de oro comprado por los chinos en la actualidad es de 0,26 gramo, una cifra bastante inferior al promedio mundial.

Concurrir al barrio Shuibei es la única forma de comprender los secretos del mercado del oro en China. A la vuelta de una esquina, un edificio caduco entre tantos otros, con un ascensor vetusto. La gran puerta de hierro de la entrada está vigilada por un guardia. Ya que no cualquiera accede a su interior, donde una amplia sala de exposición y de transacción de objetos de oro espera al cliente.

Fuente: Courrier international