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El Oro de Zurich

juin 21st, 2011

Bandera de Suiza

El Oro forma parte integrante de Suiza, al igual que los Alpes o el esquí.  En los aeropuertos y en las estaciones de tren da su cálida, su amarillenta bienvenida al viajero, fulgurante sobre los mostradores de las oficinas de cambio.  Baje de un taxi o de uno de los estruendosos tranvías de la Bahnhofstrasse de Zurich, y allí, en las vitrinas de los bancos -las casa de los <gnomos> -, verá las barras de Oro, las monedas de Oro de todos los tamaños descansando seductoras sobre negro terciopelo.

La cordialidad suiza no grava el Oro, que es puro en una proporción de más de 899 partes por mil, todas estas barras de los bancos lo son, como mínimo, en una proporción de un 995 por mil.  Para un suizo, como es natural, esto no es motivo para entusiasmarse.

–          Comprar Oro en Suiza es como ir a por pan a la panadería- decía un banquero.

Si compaginamos esta facilidad de visitar la panadería con esta antigua tradición de reserva y de secreto, tan peculiar de los bancos suizos, esta tradición conseguida a base de cuentas corrientes numeradas y depósitos anónimos, apenas nos sorprende que Suiza venga a ser como el almacén del Oro del mundo.  Zurich, con toda su colección de bancos dominando la Bahnhofstrasse, polariza el comercio del Oro, y sólo Londres le precede dentro del mundo del Oro.

Es difícil calibrar el movimiento exacto del mercado, puesto que Suiza no acostumbra a publicar cifras de importación y exportación de Oro.  Aparte de esto, un traficante de Zurich puede comprar oro en Londres y hacérselo enviar directamente por avión desde allí a un cliente suyo en Buenos Aires; en sentido físico, el oro no pasa por Suiza.  Aun así, el movimiento de Zurich, como mínimo, es un tercio del de Londres.  En 1965, año en que Londres manejó mil toneladas, Zurich manejó trescientas cincuenta.

Basilea, Lausana, Ginebra, e incluso pequeñas ciudades de la frontera italiana como Lugano y Chiasso, cuentan con sucursales de los principales bancos suizos o con pequeños bancos privados  y traficantes de oro que abastecen de este metal a quienes lo solicitan.  No se sabe exactamente qué cantidad de oro se guarda en las cajas fuertes, pero es probable que en cifra figuren mas lo miles de millones que los centenares de millones de dólares.

Dejando a un lado esta cuestión, existen establecidas en Suiza seis mil compañías tenedoras de acciones, con un capital conjunto de 1.500 millones de dólares; muchas de ellas conservan parte de su activo en Oro.  Buen reflejo de esta rendición suprema al oro lo constituyen las reservas del Banco Nacional Suizo que, en 1966, figuraba en cuarto lugar dentro de la escala mundial, siendo únicamente superado por los Estados Unidos, Francia y Alemania, y tal vez por Rusia, que no suele publicar cifras reveladoras; éxito nada desdeñable para un país que cuenta con una población de menos de seis millones de habitantes.

Traducido a una comparación de las más simples, esto significa que el Banco Nacional Suizo poseía 14.5 onzas de Oro por habitante – hombre, mujer y niño-, en tanto que el Tesoro de los Estados Unidos no posee sino dos onzas de oro <per capita>.  Esto únicamente en cuanto a las reservas oficiales del país.  Las de los bancos comerciales y privados, de las compañías e individuos de todo el mundo, exceden en mucho a las anteriores cifras.

Franco Suizo

Mientras el gerente de un banco norteamericano o ingles que pretenda dar un buen consejo a un cliente en cuanto a la mejor forma de invertir cien mil dólares, no cabe duda de que le insinuará que adquiera una amplia cartera en el mercado de valores, su contrapartida suiza seguramente recomendará que invierta un diez o un veinte por ciento de aquel dinero en oro.  Y no procederá de este modo porque considere que aquel oro haya de procurarle dinero al cliente, sino que, si le aconseja de ese modo, será para prevenirle contra cualquier pérdida en caso de desvalorización, o de que se produzca una recesión en el mercado de valores.

La posición de la cual disfruta Suiza desde el punto de vista financiero deriva de haber sido un país lo bastante habilidoso para saber mantenerse al margen de dos importantes guerras mundiales.

Por consiguiente inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, Zurich se hallaba en condiciones de reanudar sus actividades dentro del mercado del Oro, en tanto que el mercado londinense, que había sido cerrado en vísperas de la guerra, seguía cerrado todavía, aunque varios componentes del mercado londinense hubiesen establecido organizaciones subsidiarias en Canadá, Beirut, Hong-Kong y África del Sur, a fin de mantenerse activos en el negocio del oro.

Fue en esta época cuando algunos bancos nacionales europeos se vieron forzados a vender cuanto oro poseían para procurarse los dólares que tan urgentemente necesitaban.

Los suizos entonces se dedicaban ávidamente a comprar.

Extraído del Libro El Mundo del Oro de Timothy Green

Por: Lizette Paternina